Consejos para hacer la compra

Seguir una dieta equilibrada y saludable es una de las mayores preocupaciones de cualquiera. Las prisas, el trabajo o la falta de ganas o de fuerza de voluntad son algunos de los hándicap que nos encontramos a la hora de llevar esta tarea a cabo. Sin embargo, incluso cuando superamos esas barreras, tenemos que asegurarnos de que nos estamos alimentando de forma óptima.

Por ello, es importante que conozcamos las propiedades de los alimentos, tanto las beneficiosas como las que no lo son tanto. Hay que aprender a reconocer en las etiquetas de los productos todas aquellas menciones que sean relevantes para determinar nuestra compra.

Y es que la clave de una buena alimentación, además de seguir los consejos habituales sobre las cantidades diarias recomendadas de cada tipo de alimento, pasa por conocer bien lo que comemos. Por ello, vamos a hacer un repaso a los distintos alimentos que podemos encontrar en cualquier supermercado o tienda de alimentación y analizar sus propiedades con detalle.

Etiquetas de los alimentos: qué deben incluir

La compra de un producto debería venir determinada por la simple lectura de su etiqueta. Sin embargo, muchas veces es difícil identificar los componentes dado que no todo el mundo entiende los términos con los que se les denomina y es posible perderse.

En algo tan importante como la alimentación, un producto no debería inducir a error, anunciar elementos que no posee o sugerir la presencia de un ingrediente cuando éste ha sido sustituido por otro. De hecho, tienen la obligación de ser veraces sobre las características del alimento: naturaleza, identidad, calidades, composición, duración y país de origen.

Entre los elementos obligatorios que cualquier marca debe incluir en su etiqueta, se encuentran:

  1. Información sobre la identidad y composición del alimento, es decir, incluir la denominación del producto y un listado de sus ingredientes.
  2. Información que permita al consumidor hacer un uso responsable del alimento. En este sentido debemos encontrar datos sobre componentes que puedan ser perjudiciales para algunos consumidores, como la presencia de alérgenos, que son sustancias que causan alergias o intolerancias en algunas personas. Aquí englobamos el gluten, los crustáceos, el huevo, los cacahuetes o la leche.
  3. Información sobre posibles reacciones provocadas por la ingesta del alimento, como por ejemplo el aviso que tiene que aparecer en los alimentos que contienen más del 10% de polialcoholes (edulcorante de bajo contenido calórico). Aunque éstos son beneficiosos para diabéticos porque no requieren insulina para metabolizarse, un consumo de más de 50 gramos diarios puede provocar malestar intestinal.
  4. Información sobre la duración, el almacenamiento y el uso seguro del producto, donde se incluye por ejemplo la fecha de caducidad, el modo de conservación…
  5. Información sobre las características nutricionales, que debe encontrarse claramente.
  6. En lo que se refiere a la lista de ingredientes, se deben incluir todos los componentes del alimento en orden decreciente en función de la cantidad que se incluya en el producto. De esta obligación quedan excluidos alimentos de un solo ingrediente cuya denominación sea igual al propio ingrediente (por ejemplo, la fruta o la verdura no procesada). Por otro lado, será necesario resaltar el porcentaje concreto de un ingrediente si éste figura en la denominación del alimento, es decir, si es un producto de soja, habrá que concretar qué cantidad de soja lleva.

    En definitiva, debemos guiarnos por la etiqueta aunque a veces no sea una tarea especialmente fácil, pues nos encontramos con que el tamaño de la letra es minúsculo o se ha excluido información por falta de espacio. Pero, ¿no contamos ya con herramientas muy útiles, como internet, para mantenernos bien informados? ¡Descubre todo lo esencial que debes saber sobre alimentación con No es lo mismo!

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