¿Cuáles son las mejores cremas corporales y faciales?

Las cremas forman parte de nuestra vida diaria. Son habituales para cualquier parte del cuerpo y con cualquier propósito. Corporales o faciales, las utilizamos para hidratarnos, como método antiarrugas, anticelulítico, para ver nuestra piel radiante… Pero, ¿de qué está hecha la crema?

Se trata, en todos los casos, de una mezcla de grasas, agua y otras sustancias. Generalmente, del 35% al 60% de la crema es agua. El resto de la composición son materias grasas, emulsionantes (para que las moléculas de aceite y agua no se separen), conservantes antimicrobianos, colorantes, esencias perfumadas y, por último, sustancias activas, que son las que reportan algún beneficio concreto para la piel.

De la mezcla de agua y grasa se obtiene una emulsión, en la que, si hay una gran proporción de agua respecto al aceite se obtiene una crema hidratante y, si se invierte la proporción, se obtiene una crema grasa.

El objetivo de la crema es proteger la epidermis de la agresión de los agentes externos (desde polvo o viento a la contaminación), y además, dar a la piel un aspecto más sano y luminoso. Por ello, vamos a detenernos en los principios activos de unas cremas y otras para descubrir qué beneficios puede reportar cada producto específico en la piel.

Cremas hidratantes o de día

Las cremas hidratantes o cremas de día tienen como función aportar frescura, salud y agua a nuestra piel. Sin embargo, hay que matizar esa última idea. La piel es impermeable y, como tal, no es posible aportar agua desde la superficie de la misma, por lo que la crema llega hasta la capa más superficial de la epidermis, que es la parte de la piel a la que se referirán palabras como “hidrata en profundidad”, presentes en algunos productos.

Una buena crema hidratante nutre la piel durante varias horas del día, y en este caso, tampoco hay que olvidarse de fijarse en los principios activos. Por ejemplo, los filtros ultravioleta, que contienen casi todas las cremas de este tipo, protegen a la piel de la exposición al sol, por lo que son muy beneficiosos.

Por otro lado, hay que procurar evitar las cremas muy perfumadas; cuanto más naturales, mejor. Ser alérgico a las cremas es algo poco habitual, pero no lo es tanto serlo a las sustancias que se utilizan para perfumarlas, colorearlas o conservarlas.

En definitiva, las cremas hidratantes son una buena forma de proteger la piel de agentes externos o de nutrir la piel antes de maquillarse. Y recuerda, no es necesario aplicar más crema de la que la piel absorbe en un primer momento… ¡No serviría de nada!

Cremas de noche

Las cremas de noche tienen como objetivo aportar a la piel una gran y eficaz acción reparadora. Si las comparamos con las cremas de día o hidratantes, una de sus mayores diferencias es que las de noche suelen llevar más grasa en su composición para que tenga una acción hidratante mayor y, además, pueden incluir otros principios activos, cuya función es ayudar a mantener la piel más joven y saludable.

Al extenderse por la piel, cubren la epidermis de forma que impiden que el agua de la piel se evapore, manteniendo el tejido en buen estado. Por lo tanto estas cremas sirven para prevenir los signos del envejecimiento, junto con otras recomendaciones como beber dos litros de agua al día, dormir ocho horas o mantener una dieta equilibrada.

Otro aspecto a tener en cuenta de estas y otras cremas, es la diferenciación que se suele hacer en cuanto a productos para pieles sensibles, secas o grasas. En este sentido, es preferible fijarse en el porcentaje de grasa que contiene la crema antes que en la denominación de la misma.

Para que se considere para pieles secas, su porcentaje de materia grasa varía entre el 15% y el 44%, mientras que en las cremas para pieles grasas lo hace entre el 14% y el 24%. Por lo tanto, se puede dar el curioso caso de que una crema indicada para pieles secas tenga menor porcentaje de materia grasa que una dirigida a pieles grasas.

Las grasas de las que hablamos pueden ser de materias primas naturales o sintéticas. Las naturales provienen de grasas animales o vegetales, como el colágeno, la elastina o el ácido hialurónico, y son mejor toleradas por la piel que las sintéticas, por lo que son más recomendables aunque también más caras. En cuanto a las materias primas sintéticas, provienen de hidrocarburos como aceites minerales o vaselina, lo que supone un ahorro económico que también se refleja en el precio.

Propiedades de las cremas antiarrugas

Las cremas antiarrugas tienen como objetivo reducir el impacto del envejecimiento de la piel. Desde hace unos años se han puesto muy de moda este tipo de cremas, la mayoría con alfahidroxiácidos (AHA) en sus componentes. Dentro de los ácidos que engloban esta complicada palabra se encuentran el láctico, glicólico o cítricos, unos nombres que tal vez suenan algo más familiares.

El efecto de estos componentes se produce en las capas superficiales de la piel. Es decir, provocan una exfoliación que limpian la epidermis, por lo que la piel recupera un aspecto menos marcado. De esta forma, los AHA son capaces de mejorar la textura, el brillo y la firmeza de la piel, aumentando su elasticidad.

Por lo tanto, para luchar contra las arrugas, además de la prevención (alimentación equilibrada, evitar la exposición al sol, beber al menos dos litros de agua al día, no fumar y hacer deporte…), las cremas con AHA son eficaces. Una última recomendación es que no se utilicen estas cremas si la persona se va a exponer al sol inmediatamente después, porque según algunos estudios, los ácidos que contienen pueden ayudar a que se enrojezca la piel.

Crema para el contorno de ojos

Las ojeras, las bolsas o el aspecto apagado y grisáceo se convierten en un verdadero problema para muchas personas. Como la piel que rodea los ojos es especialmente fina, hay algunas cremas que se comercializan únicamente para esta zona. En primer lugar, hay que saber que al ser tan fina la piel del contorno de ojos, se deshidrata con mayor facilidad, por lo que es más fácil la aparición de signos de expresión. Para tratarla, lo mejor es nutrirla con una crema algo grasa aplicada de forma regular.

Las cremas específicas para el contorno de ojos, con una composición similar a las de las cremas de noche, pueden ayudar a este propósito. En este sentido, entre los componentes más beneficiosos encontramos antioxidantes, activadores de colágeno, concentrado de agua de rosas o ácido hialurónico.

Cremas exfoliantes

El objetivo de las cremas exfoliantes es eliminar las impurezas retirando las células muertas a través de un proceso mecánico, es decir, en el que los propios consumidores toman un papel activo. Se tiene que masajear la piel mientras se esparce la crema, que produce una acción exfoliante gracias a sus ingredientes en grano, entre los que suelen destacar huesos de fruta muy triturados o microgránulos esféricos de cera de jojoba o ácido salicílico, entre otros.

El efecto, que se produce sobre la epidermis, es el de una piel con una textura más suave y lisa. Así, se produce un efecto inmediato, aunque no conviene utilizarlo más de dos o tres veces por semana. Por otro lado, no es recomendable utilizar este tipo de productos sobre una piel dañada o muy seca.

Cremas antiestrías

Hay ciertas cremas que son eficaces para ayudar a eliminar las antiestéticas estrías. Entre ellas, las más populares son las que contienen en su composición retinoides, que tienen un efecto preventivo aunque, sin embargo, están contraindicadas durante el embarazo, pues existe riesgo de producir daño sobre el feto.

Otras cremas antiestrías están compuestas por Centella asiática, un ingrediente cuya eficacia viene avalada por algunos estudios y que sí puede utilizarse en el embarazo. Por otro lado, también se utilizan componentes como el ácido glicólico y el ácido tricloroacético para este tipo de productos, aunque con dispares resultados.

En cualquier caso, es muy complicado encontrar un tratamiento que elimine de forma eficaz las estrías. Estas cremas pueden ayudar a conseguir una mejora parcial, pero no podrán reparar la rotura de las fibras elásticas producidas por la tensión excesiva de la piel, que es lo que las produce.

Sin embargo, si se combina el cuidado intensivo de cremas o aceite con deporte, masajes en el tejido conjuntivo o duchas de contraste sí se puede experimentar una mejoría. Y aunque las estrías no pueden prevenirse por completo, esos cuidados también pueden resultar efectivos para reducir el riesgo de sufrirlas durante el embarazo.

Cremas reafirmantes

A menudo vemos en las etiquetas de muchas cremas que tienen propiedades “reafirmantes”. Sin embargo, este término tan de moda propone una solución difícil de alcanzar, porque conseguir que la flacidez mejore o se revierta es, a día de hoy, muy complicado, pues no existe un producto capaz de afectar a las estructuras más internas de la misma, como la dermis o incluso la musculatura.

Sí se puede, en cambio, tonificar e hidratar la piel, que puede tener un efecto similar al deseado. La combinación de estos productos con una dieta equilibrada y deporte continuado (como costumbre, no de forma ocasional), conseguirá que la piel recupere en gran medida su buen aspecto y alejarse de la temida flacidez.

Cremas anticelulíticas

Las cremas anticelulíticas llevan componentes como retinoides, metilxantinas, ácido láctico o productos derivados de hierbas, ingredientes que consiguen cierto efecto sobre la piel aunque no eliminan la celulitis de forma definitiva. Muchas veces, aunque visualmente no produzcan un gran efecto, sí están ayudando a reducir la celulitis.

Otra forma para combatirla son los cepillos que se venden junto a muchas cremas anticelulíticas, que son muy eficaces porque ayudan a alisar la piel, mover residuos y estimular la circulación.

Para mejorar la celulitis hay algunos productos de origen natural que tienen un efecto protector sobre los vasos sanguíneos, por lo que suponen una ayuda para la celulitis en una primera fase. Estos productos son el castaño de indias, el acebo, el ginkgo biloba, el tallo de piña o la centella asiática.

Como consejos para evitar la aparición de la celulitis se encuentran el ejercicio y una dieta equilibrada, pues los malos hábitos alimenticios la favorecen. Por ejemplo, el exceso de sal que propicia la retención de líquidos, así como las grasas saturadas, los dulces o algunas bebidas alcohólicas ayudan a su aparición.

Por el contrario, los alimentos diuréticos como el apio, las alcachofas o la piña ayudan a combatirla, al igual que el ejercicio aeróbico, como nadar, andar o la bicicleta.

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