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Fernando III ‘El Santo’, rey y padre de trece hijos

Fernando III ‘El Santo’, el rey que unió los reinos de León y de Castilla separados casi un siglo antes, fue famoso por su espíritu conciliador y por el fuerte impulso que dio a la Reconquista. Recuperó para los cristianos los territorios musulmanes de Badajoz, Jaén, Murcia, y las plazas fuertes de Córdoba y Sevilla.

También comenzaron con San Fernando las construcciones de las catedrales de Burgos, Toledo y León. Y con él se inició una época de esplendor cultural que dio un gran impulso a la Universidad de Salamanca y culminó con su hijo Alfonso X ‘El Sabio’

Fernando III era hijo de Alfonso IX, rey de León, y de Berenguela, la hija mayor de Alfonso III de Castilla y de una de las hijas de Enrique II de Inglaterra. Blanca de Castilla, madre de San Luis de Francia, era hermana de Berengaria, quien hubiese debido heredar el trono de Castilla a la muerte de Enrique, su hermano, pero prefirió ceder sus derechos a su hijo Fernando, quien tenía entonces dieciocho años.

Dos años más tarde, Fernando contrajo matrimonio con Beatriz, hija del rey Felipe de Suabia, de la que tuvo siete hijos y tres hijas. El rey Fernando era severo en la administración de la justicia, pero perdonaba fácilmente las injurias personales. Manifestó particularmente su prudencia en la elección de los gobernadores, magistrados y generales.

Rodrigo Jiménez, arzobispo de Toledo, fue durante muchos años gobernador de Castilla y principal consejero del monarca.

En 1230, a la muerte de su padre, Fernando heredó el trono de León, pero no sin dificultad, ya que algunos nobles apoyaban la causa de sus dos medias hermanas. Fernando III fue el verdadero fundador de la gran Universidad de Salamanca. Pero en España se le recuerda y se le admira, sobre todo, por sus infatigables y victoriosas campañas contra los moros.

En efecto, el santo monarca pasó casi veintiséis años consecutivos en lucha contra el invasor, al que logró expulsar de Úbeda (1234), Córdoba (1236), Murcia, Jaén, Cádiz y aun de Sevilla (1249). Se dice que, en la batalla de Jerez, donde sólo perecieron diez españoles, Santiago el Apóstol dirigió las huestes victoriosas, montado en un caballo blanco.

Para agradecer a Dios sus triunfos, Fernando reconstruyó la catedral de Burgos y convirtió la mezquita de Sevilla en iglesia. A diferencia de otros guerreros, el santo era un gobernador prudente; acostumbraba decir que “temía más la mala lengua de una mujer que a todo un ejército de moros” y el motivo principal de sus campañas no fue la extensión de sus dominios, sino el rescate de los cristianos esclavizados por los moros.

A la muerte de la reina Beatriz, Fernando III se casó con Juana de Ponthieu, con la que tuvo dos hijos y una hija, Eleonor, la cual contrajo matrimonio con Eduardo I de Inglaterra.

San Fernando murió el 30 de mayo de 1252; fue sepultado en la catedral de Sevilla, revestido con el hábito franciscano.

El Papa Clemente X le canonizó en 1671.