Deportistas y finanzas, una relación problemática

Autor: Cristian G | 30 diciembre, 2017
Tiempo de lectura: 4 minutos

El ex jugador de baloncesto de la NBA (National Basketball Association) Antoine Walker vendió el anillo de campeón que se había ganado en 2006, cuando los Heat de Miami derrotaron a Dallas en seis partidos de película (en 2011 Dallas le pagó a Miami con la misma moneda).

Fue por 21,500 dólares que Walker se desprendió de la joya que es el sueño de todo jugador, a causa de que sus deudas, que ascienden a 12.7 millones de dólares, amenazan con despojarlo de su casa, de su vehículo y de su dignidad como ser humano.

Un campeón derrotado por las deudas

Con tan sólo 35 años y luego de ganar en toda su carrera alrededor de 108 millones de dólares, Walker prueba el vía crucis de tener que enfrentarse a sus acreedores de tarjetas de crédito, casinos, hoteles de lujo y tiendas de equipos electrónicos.

¿Por qué una cantidad considerable de deportistas profesionales, luego de ganar más dinero de lo que cualquier asalariado podría aspirar, terminan prácticamente en la indigencia?

El 60% de los deportistas profesionales estadounidenses enfrenta serios problemas financieros al quinto año de haberse retirado, según la revista Sport Illustrated. Estas estadísticas incluyen a los atletas profesionales nacidos fuera de Estados Unidos, pero que integran las distintas ligas de alto rendimiento de esa nación.

Un relato publicado en Business Week trata acerca de baloncestistas de la NBA que luego de haber acumulado más de 50 millones de dólares (en aproximado) tenían que encarar a duros acreedores que amenazan con dejarlos en la calle.

Esto demuestra que son dos cosas distintas tener dinero y tener riquezas. Deportistas profesionales como Allan Iverson tienen que prolongar una carrera ya agotada, a raíz de que los 90 millones de dólares menos impuestos que ganó durante 9 años no le fueron suficiente para asegurarse una vida digna fuera de las canchas de la NBA.

Ganar dinero en un momento dado, a cambio de emplear un talento por demás efímero (pocos atletas profesionales de la NBA o las Grandes Ligas pueden mantener un alto nivel después de los 35 años), no garantiza seguridad económica.

Lo que sí garantiza una situación económica holgada al pasar del tiempo es el conocimiento adecuado y la cabeza fría para administrar el dinero que llega como fruto del esfuerzo y del talento.

¿Qué hace que los grandes deportistas tengan tantos problemas financieros?

Tres son las causas que podemos identificar a grandes rasgos, que hacen de los grandes ganadores del deporte, espectaculares perdedores en el campo de las finanzas personales:

1. Un lujoso estilo de vida

Los deportistas profesionales son conocidos por ostentar un nivel de gasto que sólo es sostenible mientras los mismos ocupan sus posiciones y amortizan sus contratos millonarios. En cambio, cuando llega el retiro se dan cuenta de que poseen muy poco para solventar comodidades por las décadas que les quedan por vivir.

Es un cliché cultural que un pelotero (beisbolista dominicano) compre la casa de la madre y una yipeta con aparatos de música estridentes cuando es contratado por primera vez, además de que gasta cantidades considerables de dinero con los amigos en las rumbas de celebración. Esto lo hacen sin saber si al final de cuentas se mantendrán en los grandes escenarios, de modo que se conocen muchos casos de jovencitos que desperdiciaron fortunas que pudieron afianzar el porvenir económico de cada uno de ellos.

2. Excesos en el apoyo a familiares y amigos

Un pelotero que se consolidó como estrella en la última mitad de la década de los noventa daba manutención a la mayoría de sus hermanos y a algunos amigos cercanos a su afecto. Luego, en su retiro, cayó en un descuadre tal de su balance que le fue necesario vender una casa multimillonaria en una zona exclusiva de Santo Domingo, “casi al precio de vaca muerta”, en comparación con el valor iniciar del inmueble.

Numerosos deportistas profesionales se convierten en héroes para hermanos, primos y amigos que no desean trabajar, al traspasarle una parte “pequeña” de sus ingresos ganados en el terreno de juego. No obstante, todos los plazos se cumplen, de modo que al abandonar el deporte no sólo pierden la capa, sino también el traje completo.

La adopción de esta responsabilidad es dañina para el deportista en doble vía: fomenta el acomodamiento entre las personas de sus alrededores y compromete su futuro económico a un plazo más allá de su retiro.

3. Participación en malos negocios

Los que pierden su dinero por esta vía son más sensatos que los nombrados anteriormente, pero eso no evita que se den de cara con el mismo penoso resultado.

Por lo general, los atletas profesionales invierten en bienes raíces y acciones cotizadas en bolsa, a merced de planificadores financieros que sólo se interesan por vender sus productos, sin importar si son los más adecuados para sus consultados.

Shaquille O’ Neil perdió decenas de millones de dólares en negocios relacionados con impulsar su propia marca de calzados, ropa deportiva y artículos de baloncesto. Esta eventualidad explica por qué aun seguía jugando hasta 2011, a pesar de que no era ni la sombra del temible pivot que era cuando ganó tres títulos con los Lakers entre el 2000 y el 2002.

Esperamos que la nueva generación de atletas profesionales no sólo sean fuertes para alcanzar sus objetivos, sino también inteligentes para asegurar una buena vida, una vez que los abandonen las habilidades privilegiadas.

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