El misterio de las flores del bambú y las hordas de ratas

Autor: Héctor Díaz Alejo | 18 marzo, 2022
Tiempo de lectura: 6 minutos

 

El bambú es una planta muy conocida y típica de paisajes asiáticos tropicales.

Pertenece a la familia de las gramíneas como el trigo, la cebada o el arroz, pero no se parece demasiado a ellas. Es más, en no pocos aspectos son tremendamente diferentes.

Y quizás una de las diferencias más llamativas esté en sus flores.

Porque mientras que los cereales que los humanos cultivamos dan semillas año tras año, en la mayoría de especies de bambú, las flores hacen acto de presencia cada varios años –o décadas-

¡Y después, la planta muere!

Las flores del bambú son, por lo tanto, un espectáculo raro de ver.

Pero es que además son un augurio infalible de plagas de ratas catastróficas para los humanos.

Más de mil variedades de bambú

De bambú no hay ni mucho menos una única variedad. Hay más de 1.400 especies diferentes distribuidas en 115 géneros.

Y existen varias características que las diferencian unas de otras:

– Región geográfica

– Herbáceas o leñosas

– Altura…

– Y el tiempo que tardan en florecer.

Te interesa: Escuchar música en la cama ayuda tan poco a dormir como “tener lombrices”

La floración del bambú es un misterio sin resolver

Es tan particular la floración del bambú que a diferencia de la mayoría de las plantas que conocemos no depende de factores externos como el agua, el clima o los nutrientes.

La floración del bambú depende únicamente de un reloj interno cuyo mecanismo aún permanece largamente inexplorado.

Cada especie está “programada” para dar flores a un tiempo determinado. Y nadie sabe cómo ni por qué.

Lo que sí sabemos es que la mayoría de ellas florecen entre los 30 y los 80 años después de que la semilla brotara.

Y el periodo más largo lo tiene Phyllostachys bambusoides, también conocido como bambú gigante o bambú japonés maderero, que florece con un intervalo de unos 130 años.

Claro que, aunque tal vez haya pasado inadvertido, es importante el hecho de que el “reloj” empieza a contar desde que brota la semilla.

Se reproduce por brotes… que tienen memoria

La forma de reproducción más extendida del bambú es a través de brotes que salen de las raíces.

Pero cada nuevo brote, cada nuevo árbol de bambú que crece desde uno anterior, tiene memoria y sabe cuándo nació su ancestro.

Así que cuando el reloj marque que es la hora de florecer para el bambú original, todas las plantas que hayan derivado de él florecerán simultáneamente… y morirán. Estén donde estén.

Harán lo mismo aunque estén separadas por miles de kilómetros

Imaginemos el Phyllostachys bambusoides al que nos referíamos unas líneas más arriba. Supongamos que una semilla de este bambú llegó a un terreno y brotó en el año 1900.

Aquel día comenzó una cuenta atrás de 130 años.

Durante todo el tiempo que ha ido transcurriendo habrá aprovechado los días para desarrollarse. Y como el bambú es una planta que tiene muchísimo margen para reproducirse por sus raíces, probablemente haya llegado a formar un bosque.

También es posible, incluso, que alguien cogiera algún esqueje y lo plantara en otro continente.

Las posibilidades que podemos barajar son muchas. Pero el destino es uno solo:

– Todos los vástagos de ese bambú que brotó en 1900 florecerán alrededor del año 2030 y después las plantas morirán. Aunque estén separados por miles de kilómetros.

 

La “saturación del depredador”

Que al florecimiento de una planta le prosiga la muerte no es algo tan extraño.

La muerte tras la reproducción es algo habitual en biología.

El bambú hace un esfuerzo energético enorme para producir semillas. Tan grande que deja exhausta a la planta.

Para explicar este caso concreto hay varias hipótesis evolutivas. Pero la más destacada para aplicar sería la que responde al peculiar nombre de “saturación del depredador”.

Las semillas del bambú, conocidas en Asia como “arroz del bambú”, son un alimento para las ratas.

Si el bambú diera poca cantidad, las posibilidades de que alguna semilla brotase se reducirían porque, muy probablemente, los roedores acabarían con todas.

Pero si produces cantidades desorbitadas de semillas, y todas a la vez, alguna se les escapará a los roedores y brotará.

Así se explicaría el comportamiento por el que las plantas dan semillas todas a la vez: para mantener la especie.

Pero no podemos aceptar del todo esta hipótesis, porque no explica por qué las plantas tardan hasta 130 años en florecer.

La “saturación del depredador” no implica un intervalo tan largo.

Los malos augurios

No obstante, esta hipótesis sí que se relaciona con los malos augurios que traen las flores del bambú.

Como ya hemos dicho, tras dar flores el bambú muere. Y en cuestión de un par de semanas pueden desaparecer bosques de bambú enteros.

El problema es que en el sur y este de Asia, el bambú es un elemento fundamental de los ecosistemas, pero también de las sociedades humanas.

Y la muerte repentina de un bosque ocasiona problemas ecológicos: el bambú es el alimento de muchos animales, como por ejemplo los pandas (tanto el oso panda como el panda rojo).

También puede tener un impacto en la economía local ya que el bambú tiene muchas utilidades, principalmente en la construcción, aunque también como alimento o para fabricar diferentes utensilios.

Una plaga de ratas acompaña a las semillas

Pero sin lugar a dudas, lo que más afecta a los humanos y a los ecosistemas es la plaga de ratas que acompaña a las semillas de bambú.

En el sur de Asia, alrededor de la frontera entre la India y Myanmar, cada 48-50 años se produce lo que conocen como Mautâm. Es lo que en idioma mizo se traduciría como “muerte del bambú”.

Se trata de una gran plaga de roedores causada por la liberación de semillas de la especie de bambú Melocanna baccifera.

En esta zona del Sureste Asiático hasta el 30% de la superficie está cubierta de bosques de bambú. Cuando se produce la infausta floración, el terreno se cubre de este “arroz de bambú” que alimenta a los roedores.

En consecuencia, animales como la rata negra (Rattus rattus) o la rata topo de la India (Bandicota bengalensis) se alimentan de este festín y se reproducen exponencialmente.

Los bosques de bambú son un espectáculo digno de verse

Las ratas y el Mautân

Cuando las semillas de bambú empiezan a escasear, los millones de roedores se dirigen a otros terrenos.

En cuestión de meses, la gran plaga ataca plantaciones, inunda aldeas y propaga enfermedades.

La importancia del mautâm es tal que, a raíz de ese evento en 1958-59 nació el Movimiento Nacional Mizo. Un movimiento rebelde separatista que aún hoy continúa, aunque ahora como partido político.

El origen fue la ineptitud del gobierno Indio para prever y paliar esta crisis, desoyendo las advertencias de los ancianos de la región y tachándolas de supersticiones.

El último mautâm empezó con floraciones en el año 2004 que se prolongaron hasta el 2011.

Y aunque para esta ocasión el gobierno ya estaba prevenido, el ejército de ratas explosionó en 2007 y 2008 y la región entera se vio afectada.

Tanto que en el estado indio de Mizoam, el más afectado, las ratas destruyeron el 90% de los campos de arroz y el 60% del maíz.

El mautâm es una de las manifestaciones más conocidas globalmente. Pero las plagas de ratas son un habitual tras las floraciones de bambú.

En países tan distantes como Brasil, Japón y Madagascar se ha detectado este fenómeno.

Resulta extraño pensar que una planta tan conocida y útil para los humanos origine hordas de ratas con tan solo florecer.

Referencia
“Hunger and Public Action: Government’s Response to Bamboo Flowering in Mizoram”. Autor: Easwaran Kanagaraj.

Más artículos de Ciencia

Más artículos de Ciencia