La lección escondida de Padre Rico Padre Pobre

Autor: Enzo Argüelles | 30 diciembre, 2017
Tiempo de lectura: 3 minutos

Robert Kiyosaki, en su libro Padre Rico Padre Pobre, hace planteamientos controversiales acerca de las raíces de las luchas económicas de la clase media y las penosas dificultades de los más necesitados.

Enfocado especialmente en la clase media, Kiyosaki dice que es un mal consejo orientar a las nuevas generaciones a que estudien con la promesa de obtener un buen empleo. “En estos tiempos no es suficiente que le digas a tus hijos: estudia, para que accedas a buenos puestos de trabajo, porque los sueldos serán cada vez menores y el gobierno se queda con parte de los salarios por medio de los impuestos”, asegura el autor de Padre Rico Padre Pobre.

La idea antes expuesta consiste en el mensaje principal del libro, la cual ha sido debatida, analizada y criticada por afamados educadores y economistas. Además, las reseñas de prensa acerca de la obra atraen la atención de los lectores con títulos que se refieren a “El nuevo manual de la riqueza, ¿De verás sirve de algo el colegio?”.

Ahora bien, existe una lección aun más importante que la que Kiyosaki nos quiere señalar haciendo inferencia a su experiencia personal. Una lección que ningún profesional que se respete puede rebatir.

En Padre Rico Padre Pobre, Kiyosaki apunta que el primer paso hacia la riqueza es saber distinguir entre un activo y un pasivo. De esa primera etapa se desprende el enunciado más sabio del ensayo: El activo más valioso que puede tener una persona es SU MENTE.

Así es, la mente, según Kiyosaki, consiste en la herramienta más útil para crear y acumular riqueza. “Vean a muchos ganadores de la lotería. Obtienen millones de dólares de un día para otro y en menos de dos años terminan en penurias financieras peores que las que atravesaban al momento de jugar el billete, esto prueba que la diferencia entre una persona rica y otra pobre no es la cantidad de dinero, sino la potencia de su cerebro”, estima el autor.

¡Pero cuidado! Economía País no se hace eco de una corriente económica absurda que declara que “la pobreza en el mundo es mental”. La corrupción de los gobiernos y las grandes corporaciones mantienen por debajo de la línea de la pobreza a casi la mitad de la población mundial, de modo que la condición mental y las líneas de pensamiento muy poco tienen que ver.

Simplemente hace falta difundir que la fuente de la prosperidad se genera en la educación, lo cual prepara nuestro cerebro de forma intelectual, y también en la inteligencia emocional, que prepara nuestro cerebro para manejar el miedo al riesgo o el pavor al fracaso que a la mayoría nos evita emprender nuestra empresa propia.

“Mi padre rico nunca me dijo que dejara de estudiar, sólo me enseñó que con estudiar no basta, que tengo que pensar como empresario para acumular mi propia riqueza y eso se aprende fuera del colegio”, aclara el autor.

Nuestra mente, no una casa o un vehículo, es el mejor activo que podemos tener, es la lección escondida y poco comentada de Padre Rico Padre Pobre.

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