Migraña: Causas, Diagnóstico y Tratamiento

Autor: Enzo Argüelles | 12 mayo, 2017
Tiempo de lectura: 8 minutos

Revisión médica: Doctor David Chaparro Pardo

La cefalea es el nombre clínico del dolor de cabeza. Es un proceso muy frecuente. De hecho, el 90% de la población mundial tiene al menos una vez dolor de cabeza durante un año.

La migraña es un tipo de dolor de cabeza, pero no todo dolor de cabeza es migraña. Afecta a 3 mujeres por cada varón y hasta en un 70% existen antecedentes familiares.

Antes de explicar qué es una migraña hay que introducir otro concepto, el de aura. Es un síntoma o grupo de síntomas neurológicos en forma de alteraciones visuales (luces, falta de visión en una zona…), sensitivas, alteraciones del lenguaje, hemiplejia (disminución de la fuerza en las extremidades de un lado) u otros síntomas como somnolencia, acúfenos (pitido en los oídos)… que pueden aparecer antes o durante el cuadro de dolor de cabeza.

Estos síntomas suelen instaurarse en unos 5 minutos y durar una hora, aunque pueden repetirse de forma sucesiva.

Para que pueda definirse la cefalea como migraña es necesario que cumpla una serie de criterios. Debe ser pulsátil, de intensidad moderada o severa, que se agrave con la actividad diaria y que afecte a un lado de la cabeza y no a toda la cabeza en su totalidad. Debe durar entre 4 y 72 horas.

Se debe presentar entre 5 y 15 veces a mes y debe acompañarse de dos de los siguientes síntomas: náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz, el sonido o los olores. En el caso de presentarse un aura previo, sólo es necesario que aparezca el cuadro en 2 ocasiones para diagnosticarlo de migraña.

El origen de la migraña es difícil de entender incluso dentro del ámbito médico. La teoría más aceptada es la alteración de la contracción y la dilatación de las arterias del cerebro secundaria a un estímulo anómalo nervioso. Esta alteraciones de la contracción llegan a producir el dolor.

Según esta teoría, fármacos capaces de controlar la contracción de las arterias a nivel cerebral o el estímulo nervioso anómalo serían capaces de prevenir la aparición del dolor. Y así se confirma con el tratamiento utilizado, como se hablará más adelante, donde grupos de fármacos para la tensión arterial o la epilepsia son básicos en el tratamiento preventivo de la migraña.

Diagnóstico de la migraña

El diagnóstico de la migraña es eminentemente clínico. Debe cumplir los criterios clínicos que definen a la migraña como tal y que ya se expusieron en el capítulo anterior.

La exploración neurológica, salvo en presencia de aura, es normal y debe ser normal entre una crisis y otra siempre que no existe aura.

El uso de técnicas de imagen, como el TAC o la resonancia, no están indicadas salvo en casos de migraña en pacientes con epilepsia, presencia de signos de focalidad neurológica (síntomas que puedan sugerir un infarto cerebral, o un tumor o alguna otra patología como puede ser la pérdida de fuerza en extremidades, la pérdida de visión…), o una presentación atípica de la migraña. En casos de migraña típica o aquellas que incluyen aura visual, no está indicado la realización de ninguna prueba de imagen.

De hecho, cuando se realiza una prueba de imagen, lo que se busca es cualquier enfermedad diferente a la migraña que pueda causar unos síntomas similares. En el caso de la migraña, las pruebas son normales y no aparecerá ninguna lesión.

Por tanto, para un correcto diagnóstico de la migraña no es necesaria la realización de ninguna prueba añadida a una buena exploración neurológica.

El paracetamol y el ibuprofeno, los dos primeros aliados contra la migraña

Ante un dolor leve se pueden utilizar analgésicos como el paracetamol o metamizol. Si es mayor se recomiendan antiinflamatorios y por último los fármacos triptanes.

El tratamiento de la migraña se basa en dos pilares fundamentales. Cortar la crisis de dolor lo antes posible y prevenir la aparición de nuevas crisis. Para prevenir las nuevas crisis es útil el tratamiento farmacológico y evitar factores desencadenantes.

Con respecto al tratamiento farmacológico de la migraña varía en función del número de crisis, la intensidad de las mismas y la respuesta a los diferentes tratamientos que el paciente va utilizando.

Dos situaciones, las crisis de dolor y el tratamiento preventivo.

Crisis leves

En el caso de crisis leves, iniciales y espaciadas, se pueden utilizar analgésicos como el paracetamol o metamizol.

El siguiente escalón terapéutico serían los antiinflamatorios: ibuprofeno, desketoprofeno, diclofenaco, naproxeno. Cualquiera de ellos pues todos tienen indicación para el manejo de la migraña en el caso de una intensidad leve o moderada en un inicio del tratamiento.

En caso de fracaso de estos grupos de fármacos, en el momento de la crisis, se utilizan un grupo de fármacos llamados triptanes. Estos son fármacos mucho más potentes cuya acción se dirige contra el estímulo que modifica la contracción de las arterias a nivel cerebral. Por eso, los pacientes que presenten un infarto previo tanto a nivel cerebral o cardiaco no deben tomarlo o hacerlo con muchas vigilancia.

Antiepilépticos o antidepresivos para prevenirla

Con respecto al tratamiento preventivo, el objetivo es evitar o espaciar en la medida de lo posible la aparición de crisis. Si se recuerda un poco por qué se producen las migrañas, un estímulo nervioso anómalo provocaba alteraciones de la contracción y la dilatación de las arterias del cerebro.

El tratamiento busca o bien evitar que se genere ese estímulo con el uso de antiepilépticos como el topiramato o la lamotrigina, o con antidepresivos como la amitriptilina. Otra forma de prevenir la aparición de migrañas es evitando la contracción y dilatación patológica de las arterias y eso se consigue con fármacos como los betabloqueantes.

Otro elemento fundamental es la detección de factores desencadenantes para evitarlos. Estos factores pueden ser de lo más variopinto y son muy típicos el consumo de alcohol, la fatiga, la sobrecarga laboral, los viajes largos, el ayuno, las luces intermitentes, algunos alimentos como el queso muy curado, el café o el chocolate y gran cantidad de fármacos como los utilizados para el tratamiento de la hipertensión arterial, los antiinflamatorios, anticonceptivos orales…

Complicaciones del tratamiento contra la migraña

Lo primero a tener en cuenta es que cuando un médico inicia una medicación es porque busca una mejoría del paciente.

Es importante explicar esto porque en el caso de la migraña, la medicación puede tener bastantes efectos secundarios, pero son tan importantes los efectos que genera sobre el individuo este tipo de dolor que el médico prefiere iniciar un tratamiento a mantener una situación que puede de incapacitar al paciente para sus actividades diarias.

Los efectos secundarios de los analgésicos suelen ser escasos. El principal riesgo del paracetamol es provocar un fallo hepático, pero para ocasionar este tipo de eventos la dosis a administrar debe ser muy alta, por encima de la pauta habitual utilizada en la clínica.

Con los antiinflamatorios como el ibuprofeno, el principal riesgo es el sangrado a nivel del tracto digestivo, fundamentalmente a nivel del estómago. A partir de los 45 la protección con un fármaco específico debe ser obligatoria si el tratamiento es continuado. En menores de esa edad se debe individualizar porque no está muy claro el beneficio del uso del protector gástrico y en muchos casos no es necesario pudiendo ser no sólo un coste añadido (ahora que está tan en boga el control del gasto sanitario) sino que es otro fármaco con sus efectos secundarios.

Los efectos secundarios son más importantes cuando se empieza a hablar del resto de fármacos.

Los triptanes (sumatriptan, zolmitriptan, rizatriptan…) son fármacos cuyo efecto consiste en la estabilización de las arterias cerebrales tras el control del estímulo nervioso anómalo del que se habló en la génesis de la migraña.

Son rápidos, seguros y eficaces en el tratamiento de la migraña moderada-severa. Su uso debe ser en ciclos cortos y los efectos secundarios que muestra más habitualmente son la presencia de alteraciones de la sensibilidad, ansiedad, presión torácica, somnolencia, malestar general. Incluso pueden llegar a provocar cefalea.

Tienes otros efectos secundarios bastante raros y más importantes como confusión o agitación. No debe darse en paciente con enfermedad en las arterias en cualquier localización del cuerpo, hipertensión con mal control o personas mayores. Además pueden interaccionar con antidepresivos como la fluoxetina, la paroxetina o la isocarboxacida y con fármacos para patologías cardiacas como los betabloqueantes (propranolol, atenolol…).

Con respecto a los fármacos que se utilizan en la prevención de la aparición de crisis. Fundamentalmente 2 grupos, betabloqueantes y antiepilépticos.

Con respecto a los betabloqueantes, el principal efecto es la bajada de la tensión y que puede frenar en exceso la frecuencia cardiaca pudiendo provocar la aparición de síncopes y sensación de mareo sobre todo en pacientes jóvenes. En este caso, no es un efecto secundario pues su uso habitual en medicina es precisamente para controlar la tensión arterial y la frecuencia cardiaca, siendo el control de las crisis migrañosas un efecto añadido.

El antiepiléptico más utilizado es el topiramato aunque no hay que despreciar otros fármacos en este aspecto como la lamotrigina, la gabapentina o la amitriptilina. Los efectos secundarios más habituales son la somnolencia, fragilidad emocional, confusión y sensación de mareo.

En el caso de topiramato es importante tener en cuenta el aumento de casos de litiasis renal con su uso. Hay que tener cuidado con su manejo en pacientes con insuficiencia renal. En el caso de la insuficiencia venosa, no hay problema para su administración. Además, sí interfiere con fármacos para la diabetes y la tensión arterial, por lo que su control debe ser estricto por el médico.

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