Sánchez arrasa a Susana y vuelve a ser secretario general del PSOE ¿Y ahora qué?

Autor: Enzo Argüelles | 29 mayo, 2017
Tiempo de lectura: 5 minutos

Pedro Sánchez gana con claridad las primarias del PSOE (50% de los votos) y se hace con una victoria histórica con diez puntos de ventaja, unos quince mil votos, sobre Susana Díaz (40%), mientras Patxi López se queda en un testimonial 10%.

Las primeras palabras de un Pedro Sánchez victorioso fueron claras: «Vamos a construir el nuevo PSOE, el de los afiliados. Ahora vamos a tener un PSOE unido y rumbo a La Moncloa».

Sólo han pasado ocho meses desde que presentó su dimisión y una participación altísima que roza el 85% le ha permitido volver a la secretaría general, el lugar del que los pesos pesados del PSOE le ‘sacaron’ después de tener dos veces seguidas los peores resultados de la historia del PSOE.

Pedro Sánchez ha conseguido los votos de más de 67.000 afiliados, Susana se ha quedado en unos 54.500 y Patxi López poco menos de 14.000. Un resultado sorprendente en tanto en cuanto Sánchez ha sido capaz de ganar a la líder de la todopoderosa Federación andaluza y a la mismísima ejecutiva del PSOE, así como a los pesos pesados del partido. Y gana en todos los territorios menos en Andalucía y Euskadi.

La primera consecuencia de la victoria de Sánchez ha sido la inmediata dimisión del portavoz socialista en el Congreso, Antonio Hernando, que llamó a Javier Fernández para comunicarle su abandono del cargo, cosa que Sánchez habría anunciado que haría en caso de ganar.

Gráfico: El Mundo

¿Y ahora qué?

La gran cuestión que se plantean ahora no sólo los afiliados socialistas, sino toda la población española, son las consecuencias que para la gobernabilidad del país tendrá desde mañana la decisión de los afiliados del PSOE.

Y ahí existen opiniones para todos los gustos.

¿Nuevas elecciones?

Hay quienes piensan que esta situación debería llevar a Mariano Rajoy a convocar elecciones antes de que una moción de censura cambiase el gobierno español sin pasar por las urnas.

El plan que muchos pensaron que tenía Pedro Sánchez antes de llegar Rajoy a la actual presidencia del gobierno vuelve ahora a sonar como amenaza para quienes lo consideraron tal.

Las elecciones serían una táctica del Partido Popular para frenar el golpe que se le puede venir encima y que la gobernabilidad del país dependiese de la opinión de todos los ciudadanos españoles y no solo de los afiliados socialistas.

¿Moción de censura?

Una unión del PSOE con Podemos, sumando a los nacionalistas podría dar un vuelco al gobierno y acabar con Pedro Sánchez en la Moncloa. El gran problema sigue siendo el referéndum independentista catalán, si bien hay quien piensa que Pedro Sánchez podría llegar a una solución de nomenclatura.

Es decir, votos nacionalistas a un cambio de un nombre para enmascarar el referéndum e intentar que fuese aceptado por el aparato del partido. Porque muchos votantes socialistas no parecen dispuestos a apoyar ciertas posturas por más que les lleven a la Moncloa.

¿Qué hará ahora el PSOE?

La opinión de los afiliados ha quedado muy clara y no deja lugar a las dudas. Pero los afiliados son una cosa y los votantes son otra. Los hombres de Pedro Sánchez son unos, y los hombres del PSOE son otros. Así que el primer reto del nuevo dirigente socialista será construir un partido con estructuras suficientes para mantener sus aspiraciones de gobernar, y no convertirlo en un partido asambleario, que podría ser del gusto de sus votantes de hoy, pero correría el riesgo de no conseguir captar a sus votantes del mañana. Los de las urnas de unas generales.

Y lo tiene que hacer sabiendo que sus afiliados han decidido un nuevo sistema de partido, más al estilo Podemos. Una organización en la que las bases tengan más participación en el día a día y resten protagonismo a los líderes regionales que hasta ahora tomaban las decisiones. Toda una tentación para un Pedro Sánchez con muchos ramalazos populistas pero que estará obligado a evitar la ‘podemización’ del partido.

El segundo gran reto de Sánchez será pelear por la unidad de un partido que él mismo dejó fracturado por no decir completamente roto. Desde el final del zapaterismo el PSOE tiene más grietas de lo que sería deseable, y la campaña de las primarias no ha ayudado nada a restañar las heridas, sino más bien a hacerlas sangrar. Y aunque Susana haya manifestado ponerse al servicio de Sánchez desde hoy mismo, no va a ser una tarea sencilla.

El PSOE está en juego.

Pero aunque el reto de la reunificación del PSOE es muy difícil, los batacazos que el socialismo está sufriendo en Europa debería ser más que suficiente para ayudar a tomar decisiones pensando en el futuro del partido y del país, y no en el reparto de sillones del presente. Algo que ya tentó y mucho a Pedro Sánchez.

El objetivo ahora debería ser enterrar las hachas de guerra y centrarse en ponerse en buscar acuerdos sobre los cimientos del partido para el futuro. Cimientos europeístas y pragmáticos que puedan ser respaldados, y votados, por la gran mayoría de los españoles.

Si no, la sombra del PASOK, o el batacazo de los socialistas franceses (surgido de otras primarias) pueden convertirse en amenazas.

Así que… ¿qué hacemos con la oposición?

Si la vuelta de Pedro Sánchez al frente del Partido Socialista supone la vuelta del ‘no es no’, la gobernabilidad en España se convertirá en un imposible. Y esa es la pregunta que se hacen la mayoría de los españoles.

¿Qué Pedro Sánchez es el que vuelve a la arena política?

El mismo Pedro Sánchez que saltó por los aires, lleno de ambición por gobernar a cualquier precio y aires de radicalizar su partido… o un Sánchez convertido en hombre de estado, capaz de unir a las fuerzas constitucionalistas y buscar la regeneración política desde una oposición constructiva y útil que coloque al PSOE donde siempre ha estado.

Para empezar tendrá que componer una ejecutiva que integre a personajes de sus rivales, porque necesita el respaldo de los órganos de dirección en el congreso del mes de junio, en el que los ‘aparatos’ que no parecen estar de su lado tendrán bastante peso en delegados.

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