Soufriere Hills: El volcán que «enterró» la capital de Montserrat bajo 20 metros de ceniza, tras mil años de silencio

Sólo han pasado 23 años desde que un volcán que llevaba más de mil en silencio rompió la paz de la isla caribeña de Montserrat. En pocos días 20 metros de ceniza enterraron su capital para siempre. Hoy casi nadie llega a sus playas
Autor: Héctor Díaz Alejo | 27 septiembre, 2021
Tiempo de lectura: 4 minutos

Montserrat es una pequeña isla del Caribe que podría ser un destino turístico ideal. Montañas con selva, mar tropical y pequeños pueblos sin masificar. Sin embargo, Montserrat apenas es visitada por unos pocos miles de personas al año.

La razón: más del 60% de la isla, incluyendo su antigua capital, está dentro de una zona de exclusión por riesgo volcánico.

En una búsqueda rápida se puede encontrar que su capital es Plymouth. Sin embargo, la ciudad en la actualidad solo es una masa gris con algunos edificios derruidos.

Plymouth, la capital de Montserrat, hace ya 23 años que fue abandonada y engullida por la ceniza de un peligroso volcán.

Hasta 1995 la isla fue un apacible terreno en el Caribe. Sus cerca de 11.000 habitantes llevaban una vida tranquila, únicamente interrumpida por algunos huracanes ocasionales. Lo normal en esta parte del mundo.

Casi la mitad de las personas, unas 5.000, vivían en la ciudad de Plymouth. Era el centro neurálgico y actuaba como capital del territorio. Prácticamente toda la actividad comercial de la isla estaba concentrada allí.

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Terremotos de aviso

En el año 1992 ocurrieron pequeños terremotos a modo de aviso. Realmente, nada fuera de lo común. En el siglo XX hubo enjambres de pequeños terremotos hasta en cuatro ocasiones.

Pero en 1995 los habitantes de Plymouth empezaron a sentir que se encontraban en verdadero peligro. El volcán Soufrière Hills, a tan solo 6 kilómetros de la ciudad, empezó a tener actividad por primera vez en más de mil años.

En julio de 1995 el volcán empezó a expulsar cenizas y a tener explosiones freáticas. El magma calentó el agua interior, expulsando chorros de agua hirviendo que creó ríos de barro y ceniza.

En agosto erupcionó la primera gran nube de cenizas. Durante 15 minutos se hizo la oscuridad en Plymouth. Algunas zonas de la capital quedaron cubiertas por una capa de incluso 20 metros de ceniza. Poco después, todo el sur de la isla de Montserrat fue evacuado.

Una opción fatal

Tras esta primera erupción, la actividad del volcán fue poco a poco evolucionando. A finales de noviembre expulsó lava por primera vez. Y a lo largo del año 1996, el flujo piroclástico alcanzó el mar. También fue cuando empezaron grandes explosiones magmáticas al colapsar parte de la caldera del volcán.

Mientras tanto, algunas personas retornaron a sus casas, a pesar de estar peligrosamente cerca del Soufrière Hills. La isla estaba sobrecargada, sin posibilidad de alojar a tantos evacuados, y para muchos volver era su única opción.

Desgraciadamente, fue una opción fatal. El 25 de junio de 1997 el volcán se cobró 19 víctimas mortales en el este de la isla. Y entonces volvieron a implementarse, de nuevo, medidas de exclusión estrictas.

Medidas que, sin duda, salvaron la vida a cientos o miles de personas. Porque en agosto de 1997 el flujo piroclástico alcanzó Plymouth. Y en los meses siguientes el material incandescente volvió a alcanzar la ya abandonada ciudad.

La última vez que el flujo alcanzó Plymouth fue en 2008, en una erupción sin ningún tipo de aviso. Un volcán peligrosamente impredecible.

La capital quedó enterrada en ceniza

Sobra decir que las consecuencias para Montserrat fueron gravísimas. La isla se quedó sin su capital y ciudad más importante. Escaseaban infraestructuras y la posibilidad de tener una vida normal se redujo.

Toda la parte sur de la isla, con muchas tierras de cultivo involucradas, fueron devastadas. Tierras que desde entonces no se han podido volver a utilizar.

Como consecuencia, la mayoría de la población emigró a otras islas vecinas o a Reino Unido. La población se fue reduciendo hasta 2002, cuando menos de 4.500 personas habitaban Monsterrat. Muy lejos de las casi 11.000 que había antes de la erupción.

El volcán, hoy día, continúa presente en la vida de los isleños. Dos terceras partes del pequeño país, prácticamente la mitad sur, siguen siendo una zona de exclusión con limitaciones para su entrada.

Y esto a pesar de que el volcán lleva varios años sin mostrar actividad importante.

De las tres parroquias que dividen la isla (Saint Peter, Saint Anthony y Saint Georges), solo la zona de Saint Peter es considerada habitable.

Zona prohibida

Quienes se encuentren allí, verán que en las carreteras hay carteles avisando de la entrada en una «zona prohibida». Si infringen estos avisos, serán perseguidos por las autoridades.

Pero en los últimos años, con la disminución de la actividad volcánica, se están implementando algunos cambios en esta política territorial.

Ahora hay niveles de alerta y separación del territorio en diferentes zonas. Algunos sitios, cuando el nivel de alerta es el mínimo, permiten la libre entrada las 24 horas del día. Otros prohíben entrar por la noche.

Pero la mayoría de la isla, incluyendo Plymouth, sigue siendo zona de riesgo muy alto y su entrada está prohibida.

Quien quiera visitar la isla como turista debe saber, no obstante, que hay oportunidad de ver la ciudad de Plymouth. Contactando con las autoridades locales se puede visitar la antigua capital de Montserrat.

Sería, sin duda, una experiencia única. Un paseo por un lugar enterrado en ceniza, donde todo fue abandonado y sumergido. Una Pompeya moderna, aunque por suerte mucho menos violenta. Una ciudad fantasma que nos recuerda lo frágiles que somos ante la potencia de las entrañas de la Tierra.

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