Un informe independiente culpa del desastre del coronavirus al «cóctel tóxico de la OMS y los gobiernos»

Autor: Cristian G | 15 mayo, 2021
Tiempo de lectura: 6 minutos

Era una necesidad que ya estaba tardando en llegar.

Hacía falta un análisis objetivo e independiente sobre lo que hicimos mal y lo que hicimos peor para dejar que la amenaza del SARS-CoV-2 se convirtiera en pandemia y tragedia.

Hacía falta una reflexión desde la perspectiva de expertos en diferentes disciplinas para que, sobre las cenizas de lo que instituciones, gobiernos y gobernantes destrozaron, poder construir un mundo mejor. O cuando menos más alerta y con mayor capacidad de reacción.

Y eso es lo acaba de hacer este panel de expertos (de los de verdad) y cuyas conclusiones y propuestas se han lanzado al mundo (con menos repercusión de la deseable), y se acaban de publicar en la revista The Lancet bajo el título: Informe del Panel Independiente de Preparación y Respuesta ante una Pandemia: hacer de COVID-19 la última pandemia

Un informe con durísimas acusaciones

Las conclusiones de este informe independiente llegan a calificar como un «cóctel tóxico» la respuesta combinada de la OMS y los gobiernos mundiales.

Primero porque la Organización Mundial de la Salud debería haber declarado una emergencia mundial antes de lo que lo hizo.

Y segundo porque los países deberían haber escuchado y reaccionado con actuaciones concretas y coordinadas ante una amenaza previsible y hasta cierto punto evitable, o cuanto menos atenuable en sus efectos.

El informe en cuestión se titula «Covid-19: Que sea la Última Pandemia» y ha sido realizado por un panel independiente cuyo objetivo era encontrar respuestas sobre cómo el virus había matado ‘oficialmente’ a más de 3,3 millones de personas (más de 5 millones según cálculos de expertos independientes) e infectado a más de 159 millones.

Este prestigioso comité de preparación y respuesta a las pandemias arrojó una primera y durísima conclusión: «La situación en la que nos encontramos hoy podría haberse evitado».

Con esa crudeza lo dijo a los periodistas en la presentación del informe la copresidenta Ellen Johnson Sirleaf, ex presidenta de Liberia.

Una destacada promotora de la libertad, la paz, la justicia, el empoderamiento de las mujeres y el gobierno democrático. La primera mujer presidenta democráticamente elegida en un país africano. La mujer que luchó contra los peores momentos del Ébola y la posterior reconstrucción. La mujer que ganó el Premio Nobel de la Paz 2011 fue la encargada de pronunciar duras palabras avaladas por su credibilidad internacional.

Y su siguiente frase no bajó el tono del discurso, sino que ayudó a matizar: «Lo que nos ocurrió se debe a una gran cantidad de fallas, brechas y retrasos en la preparación y respuesta».

Algunos errores históricos

El panel argumentó que el Comité de Emergencias de la OMS debería haber declarado el brote en China como una emergencia internacional una semana antes de lo que lo hizo.

Concretamente aseguran que debería haberlo hecho en su primera reunión el 22 de enero del año pasado, en lugar de esperar hasta el 30 de enero.

Pero esto tampoco habría solucionado mucho.

Porque el mes siguiente a la declaración de la OMS fue un mes completamente perdido debido a que los países decidieron no darse por enterados y no tomaron medidas adecuadas para detener la propagación del virus.

Tan es así que Europa y Estados Unidos desperdiciaron todo el mes de febrero y solo comenzaron a actuar y a tomar decisiones cuando sus hospitales comenzaron a llenarse.

Además, en ese tiempo la OMS se vio obstaculizada por sus propias regulaciones y en vez de pensar en frenar una amenaza real y dramática, el mundo se encontró con que qwuienes tenían que tomar decisiones sólo pensaban en mantener a salvo las restricciones de viaje, que entonces consideraban que solo deberían ser un último recurso.

Después, por si toda esta inacción fuese poco pecado de los gobiernos e instituciones mundiales, el informe considera que llegó un error aun mayor, provocado por el egoísmo.

Y así, mientras los países deberían ponerse con urgencia a preparar sus sistemas de atención médica para una afluencia masiva de pacientes Covid, Una gran parte de los gobernantes del mundo desarrollado prefirieron pensar sólo en su beneficio y convirtieron el momento en una lucha algo así como «el ganador se lleva todo» para acaparar los equipos de protección y medicamentos.

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Propuestas de futuro

El informe no se queda solo en la descripción de lo que ocurrió. Ni siquiera en las imprescindibles acusaciones de culpabilidad sobre instituciones, gobiernos y gobernantes.

El informe pone sobre la mesa iniciativas concretas para evitar otra pandemia catastrófica. Reformas clave que deberían comenzar ya:

• Debería crearse un nuevo consejo mundial sobre amenazas con el poder de hacer que los países rindan cuentas

• Debería haber un sistema de vigilancia de enfermedades para publicar información incluso sin la aprobación de los países interesados.

• Las vacunas deben clasificarse como bienes públicos y debe haber un mecanismo de financiamiento para una pandemia

• Incluye una solicitud inmediata para que las naciones ricas del G7 comprometieran mil novecientos millones de dólares al programa Covax de la OMS que brinda apoyo para vacunas destinadas a países de bajos ingresos.

La copresidenta del panel y ex primera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, dijo que era «fundamental tener una OMS empoderada».

«Solo con que las restricciones de viaje se hubieran impuesto más rápidamente y de manera más amplia. Solo con eso habríamos conseguido un importantísimo freno a la rapidísima transmisión de la enfermedad. Y esa capacidad continúa siendo una necesidad de hoy».

El ‘momento Chernobyl’ del siglo XXI

La línea probablemente más llamativa de este informe es que califican la pandemia como el «momento de Chernobyl» del siglo XXI.

Y el panel insiste una y otra vez en su afirmación de que el mundo perdió el tiempo en febrero de 2020 mientras el virus se afianzaba.

El panel pide mejores procesos y estructuras para detectar el próximo patógeno altamente infeccioso. Y por supuesto, solicita con urgencia una mejor financiación para que la Organización Mundial de la Salud pueda fortalecer e incrementar esas capacidades.

Después del peor impacto sobre la economía global desde la Segunda Guerra Mundial, todos los países estarán de acuerdo en que es un caso de «nunca más».

Pero, ¿será posible una reforma significativa cuando gran parte de la respuesta actual se centra todavía en anteponer los intereses nacionales a la tragedia mundial?

El panel ha pedido a los países ricos que compartan mil millones de dosis de vacunas para septiembre, por ejemplo. Y sin embargo nos encontramos con que muchas naciones con grandes arsenales siguen siendo reacias a echar una mano.

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Nuestra relación con el mundo animal

Hay algunos problemas que el panel no tuvo tiempo de considerar en profundidad.

El más fundamental sigue siendo nuestra relación con el mundo animal para evitar que los virus zoonóticos continúen saltando e infectando a los humanos.

Y terminaron pidiendo en la presentación que no nos olvidemos de una amenaza que continúa estando muy viva.

Y que por mucho que EE. UU. Y Europa estén comenzando a aliviar las restricciones y a reanudar algunos aspectos de la vida prepandémica, el virus sigue devastando partes de Asia.

El resumen es muy claro: lo hicimos fatal. Instituciones y gobiernos son culpables de millones de muertos anónimos que se limitaban a cumplir cada día con su trabajo mientras los poderosos del mundo no hacían el suyo.

Esa situación no es sostenible. Y por eso las propuestas aquí planteadas son imprescindibles.

Queda mucho por hacer. Por eso necesitamos un mundo en el que tengan voz y capacidad de actuación los que de verdad saben.

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